Malick en estado puro

Ficha técnica:
El árbol de la vida (The Tree of life)
Duración: 138 minutos, 2.18h
Año: 2011, Estados Unidos
Género: Drama
Productora: Fox Searchlight Pictures /Riverroad Entertainment
Distribuidora:TriPictures
Director: Terrence Malick
Guionista: Terrence Malick
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Premios: Palma de Oro en el Festival de Cannes 2011
Reparto: Brad Pitt (Mr. O’Brien), Sean Penn (Jack adulto), Jessica Chastain (Sra. O’Brien), Hunter McCracken (Jack niño)

No se dejen engañar porque El árbol de la vida esté en cartel en todos los cines, porque actúen Brad Pitt y Sean Penn o porque el tráiler parezca explicar la vida de una familia; es Terrence Malick de quien hablamos.



Malick es un director que no deja indiferente. Con esta película, la quinta de su carrera, ha ganado la Palma de Oro en Cannes y muchas polémicas. Sean Penn se quejaba de que el producto final no tenía nada que ver con lo que él había grabado. Además, los cines ofrecen la opción de que, si pasada media hora nos arrepentimos, podremos irnos y nos devolverán el dinero. Con estos precedentes El árbol de la vida se presenta como un reto, sobre todo para los que no conozcan la obra de Malick.


No es una película para sentarse y simplemente verla pasar. Hay que estar concentrado y en tensión durante las dos horas y cuarto que dura si realmente quieres llegar a alguna conclusión sobre ella. Lo que cada uno saque de ella, será totalmente personal. Es una obra muy íntima. El uso de la cámara subjetiva te hace ir tras los personajes, sumergirte dentro y la mayoría de veces el contrapicado acentúa tu pequeña existencia frente a la vida o el universo. Las voces de los personajes, susurrantes, nos cuentan un secreto, nos explican sus pensamientos. No funciona como una novela, ni siquiera como la vida con su principio y fin; es más un pensamiento, una reflexión, flashes de recuerdos. Por eso es difícil de entender si no estás acostumbrado al lenguaje de Malick, no sigue una narrativa convencional.  Pero sí nos habla, y mucho, aunque no sea con palabras: nos enseña la fe a la que se agarra la madre, las dudas del hijo que se siente perdido y anhela la felicidad de la infancia, la frustración del padre que no es lo que hubiera querido; qué es amar y cuáles son las cosas realmente valiosas en la vida.


Y aunque no lo hace del método habitual, el resultado no es, ni mucho menos, un conjunto caótico de voces e imágenes. Al contrario, todo está compuesto con una extraña armonía que hace del resultado un obra preciosa. Puede que las partes de la película compuestas solo por imágenes y música sean culpables, en parte, de las deserciones a media película; sin embargo, son de gran belleza y esenciales para entenderla.


Se trata de una obra totalmente subjetiva. Podrá gustarte o no – ya dicen que es uno de esos directores que adoras u odias, sin términos medios – pero es difícil que provoque la misma impresión en dos personas diferentes.  
Si tu expectativa para esta película es la de ver un drama familiar y un poco de reflexión barata, te equivocas, y es muy posible que abandones la sala a la media hora o antes. La familia solo es el vehículo para lo que Malick realmente quiere contarnos. Hay que ir a verla sabiendo qué te espera, sino, no merece la pena.  


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