El Señor de las Moscas – La fiera que vive en nuestro interior

senormoscas
Título: El Señor de las Moscas (The Lord of the Flies)
Autor: William Golding (Reino Unido)
Traductor: Carmen Vergara
Editorial: Edhasa (2006, Barcelona)
Nº de páginas: 284
Género: Supervivencia
Sinópsis de la contraportada:
Como consecuencia de un naufragio, una treintena de adolescentes se ven obligados a organizar su existencia en una isla desierta. Ésta es la situación que sirve de punto de partida a una sobrecogedora fábula moral sobre la condición humana.

El Señor de las Moscas es uno de esos clásicos de la literatura que hay que haber leído. Reconozco que voy atrasada en mi lista de imprescindibles, pero me estoy poniendo al día y éste ha sido uno de ellos. Había oído hablar del libro pero nunca había surgido la ocasión. Fin de curso, vacaciones de verano: era el momento. Solo sabía que iba de unos niños perdidos en una isla, nada más.

Debo reconocer que hasta casi la mitad del libro me estaba dejando indiferente. Una literatura  de mediados del siglo pasado en la que un capítulo puede estar formado casi por completo por descripciones de jungla. No soy mucho de libros excesivamente descriptivos, es la parte mala de una sociedad tan audiovisual (en mi caso). Empezaba a plantearme de dónde venía la celebridad del libro, pues no estaba pasando nada digno de mención. Críos solos intentando (o no) organizarse, rifi-rafes y poco más.

La otra mitad pasa sin darte cuenta. Como si a Golding ya no le quedaran escenarios de la isla que describir y todo se precipitara a su desenlace a un ritmo endiablado. Mientras que el principio del libro lo he leído casi capítulo a capítulo, esta segunda parte ha sido del tirón, no podía parar. Pensaba que los críos del libro tienen doce años como mucho y sin embargo, todo lo que hacen…

Soy bastante de la idea del autor de la maldad inherente en la humanidad. Toda persona tiene una fiera en su interior, solo debe darse la circunstancia específica para que salga. Los niños temen a un monstruo, un animal, una criatura mágica o mitológica; sin embargo, como dice Simon, quizás la fiera sean ellos mismos. Y lo son.

Sin adultos, sin reglas, sin una autoridad que los controle… No es que se pasen el día jugando desinteresándose por cuestiones como la comida, el fuego o el refugio. En ellos nace el salvajismo (¿o debería decir renace?), unos ritos similares a los tribales, la brutalidad… Y solo son niños de doce años. Me repito pero es algo que me ha impactado bastante. Me impacta mucho que unos críos que caen la isla disciplinados y miembros de un coro, corran por la selva con lanzas y taparrabos persiguiendo un cerdo mientras gritan: “¡Mata al jabalí! ¡Córtale el cuello! ¡Mata al jabalí! ¡Pártele el cráneo!” ¿De dónde surge esta sed de sangre? Me da algo de miedo pensar que todos tengamos algo así dentro. Que la visión de la sangre y la muerte lejos de atemorizarlos los induzca a un éxtasis de violencia.

El paso del tiempo mata su civismo, su sentido común, su distinción entre el bien y el mal. Todas esas cosas que hemos inventados y las asociamos a la civilización. Desaparece el niño de la cara manchada, lo más seguro muerto, y solo Piggy se preocupa por el asunto. Los demás prefieren ignorarlo y no hablar de ello. Eso sería propio de niños, también callan lo sucedido a Simon. Pero al final, ya no intentan hacer ver que no ha sucedido, no se engañan para eludir su responsabilidad: se han convertido en la fiera que ataca todo rastro de civilización en ellos.

Mientras leía como la situación empieza a desmadrarse pensaba: ¿habría sido lo mismo si en la isla hubieran habido niñas también? No me es sencillo responderme a esa pregunta. Puede que las niñas hubieran jugado un papel similar al de Piggy, o puede que hubieran fomentado aún más la rivalidad Ralph-Jack. Lo que estoy segura es que meter a un elemento femenino en esta fórmula, llegado el momento de pérdida de control, hubiera sido una salvajada mayor.

No es suficiente una entrada para analizar esta obra, pero es aconsejable que si hay rezagados como yo que aún no la han leído, que lo hagan. No es solo unos niños perdidos en una isla que luchan por sobrevivir. Es un viaje a la entrañas de la humanidad, hacia la parte más fea y oscura que mediante normas y valores morales intentamos mantener atada y oculta. Es un libro corto que una vez arranca se lee en poco tiempo pero te da para reflexionar durante mucho. Muy recomendable.

Aunque siempre es mejor leer el libro que ver la película, para los interesados hay una adaptación al cine del 1963 por Peter Brook y otra del 1990 a cargo de Harry Hook. No las he visto, así que desconozco su calidad.

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3 pensamientos en “El Señor de las Moscas – La fiera que vive en nuestro interior

  1. Hace poco leí el libro (http://contraelpromediomexicano.com/2013/06/14/fin-el-senor-de-las-moscas/)

    Tú reseña me parece por demás interesante aunque debo admitir que capturaste mi atención cuando mencionaste la posibilidad de una niña en la escena.
    Sigo divagando en el asunto, no puedo poner un punto firme, pero mis pensamientos rondan en que nada cambiaría, una niña de esa edad fácilmente puede pasar por Piggy. Es decir siendo testigo “moral” de las situaciones pero son el valor de enfrentarse a los más fuertes. No creo que tuvieran la fortaleza física como para imponerse. Y dudo que los niños le den algo de respeto por ser niña, en esa edad creo todos somos iguales o en el peor de los casos las niñas son relegadas simplemente por su género.

    Muy interesante cuestión, requiere darle dos o tres repasadas.

    Excelente entrada, muy buena recomendación.

    • Más que una niña, me refería a niñas: niños y niñas por igual.

      Como bien dices, una sola no hubiera logrado nada y habría tenido un papel muy similar a Piggy, o puede que algo de Simon. Pero varias…

      Gracias por pasarte y seguiremos dándole vueltas al asunto. No creo que sea una cuestión a la que llegar a una rápida conclusión.

      • Un grupo de niñas hubiera acelerado la división de la isla. Dos grupos distintos y maneras diferentes de “gobernarse”. Al final y por la misma razón se hubieran enfrentado, tristemente con el mismo resultado.

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